En "El
gran simulador", Néstor
Frenkel visita al admirable,
aristocrático y muy explicativo artista de una sola mano René Lavand. Ya la televisión
lo ha entrevistado alguna vez en su cabaña de troncos rodeada de árboles al pie
de un cerro tandilense. Pero el cine permite una visita con más tiempo, más
tranquila, ideal para el caso.
Así podemos verlo, ya de 88 años, calentando la
mano en su laboratorio. Explicando la evolución de sus actos y su naturaleza de
lentidigitador, en contraposición al común de los prestidigitadores. Evocando a
los grandes de la poesía, la música y el pensamiento, no para mostrarse
ilustrado, sino por sincera inclinación hacia el aprendizaje y la enseñanza. O
repasando viejas fotos, tarea que también hace su esposa con especial
admiración y cariño. Y recibiendo al amigo Rolando
Chirico, creador de las historias que habrán de envolver y sublimar sus
actuaciones. Juntos estudian una de ellas.

En resumen, muy buen retrato de un hombre famoso
por su manejo de la mano izquierda, sus relatos llenos de misterio, cultura y
poesía, su ejemplo de superación personal tras el accidente que tuvo cuando
niño, su altivo despojamiento camino hacia la esencia del engaño más sincero, y
su frase desafiante: "¡No
se puede hacer más lento! O tal vez se pueda".

No hay comentarios:
Publicar un comentario