jueves, 22 de noviembre de 2012

Las Vacas Sagradas y la Teta del Estado.


Publicado el - cinescencia.wordpress.com

Isaac León Frías escribe en el blog de su amigo Ricardo Bedoya  una nota invitando a un nuevo debate, en este caso a los miembros de APRECI, como si todos los problemas del cine nacional, incluido los de la crítica, se resolvieran con juegos de palabras y elocuencia verbal para el aplauso de sus seguidores.  Un debate ficticio como los anteriores, para satisfacer afanes de figuración, pero que no sirve  para encarar los temas de fondo que vuelven a salir a la luz, como el sistema de argollas, privilegios y favoritismos que ha llevado al cine peruano, incluida la crítica, a una crisis profunda, con enfrentamientos interminables.


Sin embargo, lo preocupante en el texto de León Frías  son las expresiones (y silencios) sobre el correo de Alberto Durant a los funcionarios del Ministerio de Cultura, que se conoció en los últimos días. Mensaje que expresa casi paradigmáticamente los males del cine peruano que se hace referencia líneas arriba, y de los cuales buena parte de la crítica no es ajena, por acción u omisión.

Efectivamente, Durant, como cualquier otro concursante, tenía el derecho de poder objetar a cualquier miembro del Jurado. Pero esto se hace por las vías REGULARES, en plazos establecidos y por los conductos del Ministerio de Cultura para tal efecto, como todo concurso público. Y eso no por un prurito burocrático o puro formalismo, sino para que conste oficialmente la impugnación y evitar cualquier influencia “sotto voce” a las autoridades. Tomando como ejemplo el derecho de recusación en un juicio al que se hace alusión en el post, ¿acaso este no se hace público y por vía formal antes que empiece el proceso, o es válido solo mediante una carta personal?

Ahora, si lo que buscaba Durant es más que impugnar a una persona, cuestionar todo el proceso de elección de los Jurados y la mecánica del concurso que llevaba adelante DICINE, también estaba en todo su derecho de expresarlo. En este caso, lo que correspondía era hacer de conocimiento de la opinión pública sus objeciones, fundamentando las razones, para que se viera que su motivación no era personal sino en función de todos los cineastas, por igual.

Nada de esto sucedió porque lo que Durant hizo fue enviarle una carta a los correos personales de los funcionarios del Ministerio, con copia “informativa” al presidente de su gremio (APCP), expresando su disconformidad por la elección de un Jurado –que no había sido nombrado por DICINE sino resultado de un sorteo público-  solicitando encubiertamente su remoción, al decir que era una persona a su juicio “inaceptable” y por tanto descalificada para esa función. Todo ello, en medio del proceso del concurso, doce días después de conocerse públicamente los miembros del Jurado, y buscando cambiar las reglas del juego. Si esto no es presión indebida o lobby, se le parece mucho, y que se ve mal, se siente mal y está mal desde el punto de vista moral y procedimental, no hay duda, empezando por su carácter de secretismo, que es la forma como se cocinan los peores enjuagues. Por suerte los funcionarios que recepcionaron la carta actuaron correcta y dignamente, haciendo oídos sordos a las sugerencias de Durant, pero, me pregunto, ¿qué hubiese pasado si en vez de Christian Wiener y Carmen Rosa Vargas hubieran estado en esos cargos Rosa María Oliart y Emilio Moscoso? Creo que no es muy difícil imaginar que rápidamente se habrían “allanado” al pedido de tan importante figura de la cinematografía nacional, ya que de otra manera, iba a resultar muy difícil su contratación como sonidista en la próxima película del mismo realizador

Recordemos que Durant no es nuevo metiendo presión para decidir quiénes son buenos y malos a su gusto intereses. Ahí está, para los desmemoriados, la carta que en mayo del 2009 promovió, con firma de Tamayo, Lombardi y otros amigos, dirigida al Director de Perú 21 por la crítica de Alonso Izaguirre a su película “El premio”.  La misma decía “no tener pretensión que fuera publicada”, porque sibilinamente demandaba al responsable del diario por supuestos ataques al cine peruano, con expresiones injuriantes al crítico e instándolo a que tome cartas en el asunto, como efectivamente sucedió, porque tiempo después Izaguirre tuvo que dejar el diario, como antes había ocurrido con Claudio Cordero en El Comercio.

Llama la atención que el veterano crítico y profesor universitario León Frías no exprese ningún respaldo o siquiera solidaridad con Leny Fernández por el intento de exclusión, y más bien avale y hasta celebre la actitud del concursante. Se supone que entre colegas, más allá de las diferencias y hasta enemistades, debe primar una defensa del oficio y la práctica de la crítica, que el mencionado correo busca descalificar, salvo que coincida con los argumentos del mail y no reconozca como críticos a los redactores de la revista “Godard” (sería bueno preguntarse si tendría la misma actitud en caso el (la) vetado(a) hubiese sido de la revista “Ventana Indiscreta”).

 Si se lee bien el correo de Durant, sus argumentos no cuestionan a una sola persona en particular, sino invalidan la participación de los críticos como jurados en futuros concursos, ya no exclusivamente de DICINE sino de cualquier otra institución, incluido festivales; si cometieron el pecado capital de criticar y cuestionar películas anteriores de algún concursante, lo que también se aplicaría si la comenta favorablemente, ya que podría alegarse en ese caso un supuesto favoritismo a terceros y adelantamiento de juicio, así como en el otro se habla de supuesta animadversión en su contra y a los de su generación. En otras palabras, que el crítico, cualquiera, no puede hacer su labor básica que es criticar películas, por lo menos no la de nuestros susceptibles compatriotas, o corre el riesgo de ser enviado a la lista negra de cualquier certamen (con semejante lógica, los críticos de “Cahiers du Cinema” jamás hubieran sido convocados como jurados de festivales donde competían obras de realizadores del llamado cine  académico francés, a las que cuestionaron tan virulentamente en su momento).  Se olvida además, que un miembro no hace a un Jurado, y que en esta oportunidad, como consta en el acta del concurso de distribución fueron tres integrantes los que eligieron libre y soberanamente a los ganadores.

De resulta que lo que se encuentra en cuestión es el derecho de cada quien a tener su opinión y expresarla, de ejercer la crítica –como la realización- de forma abierta, libre, sin consignas ni limitaciones, más allá de su conciencia y las que determina la Ley, y no en función a los requerimientos y necesidades de vacas sagradas e intocables que se sienten dueños del cine peruano (porque criticarlos a ellos sería supuestamente criticar a todo el cine que se hace en el país). Personas que por sus años y relaciones ostentan el poder de veto, moviendo sus contactos e influencias al más alto nivel para sacar del camino a quienes les resultan incomodos o peligrosos, como acaba de suceder con Wiener en el Ministerio de Cultura. De paso, tratar de tapar las cosas turbias que salen a flote de la gestión anterior, qulo e fue tan generosa con ellos, lo que explica su defensa a ojos cerrados. Pero como dice una frase popular, “se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.

Rafael Maldonado

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